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lunes, 30 de mayo de 2016

UN DIOS TANGIBLE

Dentro de poco voy a publicar mi primer libro, Un Dios Tangible, con la prestigiosa editorial Atlantis. La presentación de esta obra de ciencia ficción será en el hotel Puente Romano a las 20:00 el día 3 de Junio. Os agradezco a todos los que tengáis la intención de acudir al evento.

Seguidme en Twitter (@Clay_Bullet) para saber más noticias de la novela y avisaré también de nuevas entradas en mi blog, en el que me dedicaré a explicar aspectos, personajes y la tecnología del universo que rodea al primer libro de mi tetralogía. Junto con mi cuenta de Twitter, hay una cuenta de correo electrónico (undiostangible@gmail.com) en donde podéis dejar vuestras preguntas, así como vuestras sugerencias y recomendaciones.

Espero poder compartir con todos vosotros esta gran historia. Para los que no sepáis de que va la obra, os dejo abajo el prólogo para que os hagáis una idea, así como un enlace a la página oficial de la editorial.

PRÓLOGO DE UN DIOS TANGIBLE
Nuestra ambición nos llevó a buscar entre las estrellas para convertirlas en los silenciosos testigos de nuestra decadencia. No tardaríamos en desatar la más feroz de las guerras en las frías entrañas del espacio por la dominación de un Sistema Solar que no tardó en menguar para nosotros. Los cadáveres de millones de personas flotan en ese oscuro abismo negro condenados a un naufragio errante, millones de almas desaparecidas en su negro yermo y millones de gritos silenciados en vacío infinito.

No se sabe con exactitud si lo que acontecería tras la guerra más devastadora jamás vista sería causado bien por un arma terrorífica, por la ira de un dios furioso o por un benevolente acto por parte de la flamígera estrella para limpiar el tumor humano.
Dio lugar el acontecimiento conocido como el Juicio Ígneo. El Sol lanzó su ira abrasadora calcinando todo lo que había a su paso, volatilizando en el proceso a Mercurio y Venus. Marte se tornó en un infierno tormentoso. La Tierra quedó inerte, convirtiéndose en una roca candente y en un horno crematorio para todo lo que en ella vivía.

A los que se encontraban más allá del cinturón de asteroides les estaba esperando un destino aún peor: ver cómo la raza humana se descomponía lentamente.
Aquello que no alcanzó la furia abrasadora del Sol, no fue calcinado, sino despojado de electricidad, convirtiendo las naves y las estaciones en inertes ataúdes de metal.
Solo se libraron de la ira del incandescente verdugo aquellos que estaban más allá de la órbita de Saturno.

Las naves y estaciones silenciosas e inertes se volvieron el objetivo de saqueadores y oportunistas. En las entrañas de cientos de estos ataúdes metálicos aún hay reservas de oxígeno, alimentos y armas con las que la humanidad puede retrasar brevemente su extinción.

Los restos de la humanidad se esparcen por los últimos recovecos de una civilización muerta. Aunque sobrevivimos a la extinción del Juicio Ígneo, no significa que no estemos condenados a desaparecer. Estamos condicionados por los alimentos y el oxígeno, los cuales son recursos finitos por los que se siguen derramando sangre.
Al borde de la extinción y rodeados de un caos al que hemos contribuido, los restos de la humanidad se lanzan una feroz carrera contrarreloj para conseguir respirar un día más.
Aquellos que se buscan la vida vagando por cascarones metálicos, tumbas de más de centenares de almas y guardianes de los horrores de la locura, reciben el nombre de Kaburi. Estos hombres buscan entre los restos de las naves muertas los recursos necesarios para subsistir. Aunque estén fragmentados en clanes y divididos por sus ideologías, todos aspiran a lo mismo...

¡Sobrevivir!